16 de Abril. Día Internacional contra la Esclavitud Infantil:

Tal vez parece imposible imaginarse que en estos tiempos exista esclavitud infantil, pero lamentablemente es una realidad que afecta a más de 200 millones de niños a nivel mundial.

La esclavitud infantil se manifiesta a través de distintas formas de sometimiento, entre ellas:

  • Trabajo forzoso.
  • Trata infantil.
  • Esclavitud doméstica.
  • Matrimonio forzado.
  • Reclutamiento para ser soldados o combatientes.
  • Explotación sexual.

El trabajo de las Organizaciones No Gubernamentales:

Diversas Organizaciones No Gubernamentales impulsaron el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil, para honrar la memoria de Iqbal Masih, un niño pakistaní que después de escapar del trabajo forzado se dedicaría a la lucha por los derechos infantiles pero que sería asesinado el 16 de abril de 1995.

Ocurrido este lamentable hecho y en vista de que se encontraron múltiples casos de explotación y abuso infantil, estas ONGs decidieron, en 1997, movilizarse e impulsar este día.

La historia de Iqbal Masih, el niño asesinado por denunciar a sus explotadores:

Iqbal Masih nació en 1982 en el seno de una familia muy pobre de Pakistán. Cuando tenía cuatro años, su padre lo cedió a una fábrica de alfombras de Punjab a cambio de un préstamo para pagar la boda de Aslam, el hijo mayor. Era un hecho habitual: los hijos menores eran entregados a cambio de préstamos, para casar a los mayores. Para la madre de Iqbal, una campesina pobre, conseguir el dinero para la boda de Aslam era una obligación: reunir una suma apreciable para permitir que su hijo Aslam se pudiera construir una casa o adquirir tierras antes de casarse.  En aquellas circunstancias, Iqbal y Patras, el otro hermano menor de Aslam, debían mostrase solidarios con su hermano mayor.

En estos casos, los patronos de las fábricas recuperaban el dinero prestado descontando una parte del salario mensual acordado con sus obreros esclavos, o con su familia en el caso de menores, lo que forzaba a los trabajadores a permanecer a su servicio hasta la restitución total de la deuda. Pero a los patronos les alegraba ver a los trabajadores o a las familias de los menores pedir nuevas cantidades antes de que el miserable salario hubiera redimido la deuda anterior, ya que de esta forma la deuda no se amortizaba nunca. Al contrario, crecía, y el patrón se podía seguir beneficiando de aquel trabajo en condiciones de esclavitud.

Fue en estas circunstancias que el 1987 Iqbal empezó a trabajar más de 12 horas diarias haciendo alfombras para devolver el préstamo familiar, pero a causa tanto de los leoninos intereses que había impuesto el amo sobre el préstamo, como de los nuevos préstamos solicitados por el padre, la deuda se iba haciendo cada vez mayor, hasta que llegó a las 13.000 rupias años más tarde, en 1992.

La mayor parte del tiempo estaba encadenado a un telar y lo sometían a fuertes golpizas. La posición incómoda en la que debía estar (de rodillas sentado sobre sus pies) durante tanto tiempo le provocó serias lesiones en las articulaciones, y la constante labor en alfombras e hilados le ocasionó artrosis y deformación en los dedos y muñecas.

Así vivió 6 largos y duros años, hasta que a los 10 logró escapar. La casualidad jugó a su favor y cambió el destino al que parecía condenado: conoció a Ehsan Ullah Khan, un joven militante de los derechos de los esclavos y creador del Bhatta Mazdoor Mahaz (BMM) o Frente de los trabajadores de los ladrillos (otro foco de esclavitud que sometía a familias enteras que trabajaban de sol a sol) mientras encabezaba una reunión en la que hablaba de los derechos de las personas esclavizadas. Era un destacado estudiante de abogacía en Lahore y junto a su movimiento libertario hicieron una reunión en el pueblo donde Iqbal era esclavo. No está claro cómo el niño supo que esa asamblea se realizaría, pero junto a otros compañeros participó del encuentro y no dudó en tomar el micrófono para contar la manera en la que los explotaban y obligaban a vivir.

Khan se sintió conmovido por la crudeza del relato del niño y decidió pagar la deuda que la familia Misah tenía y, de ese modo, liberar a Iqbal y a los demás pequeños. Luego los llevó a Lahore para que fuesen tratados dignamente y comenzaran a recibir educación. Iqbal ya se perfilaba como líder infantil: hizo conocer públicamente lo que sucedía en varios telares de alfombras delante de distintas organizaciones y al poco tiempo fue muy bien reconocido en su pueblo, pero el propio Gobierno de Pakistán, que en 1992 había firmado una convención que prohibía la esclavitud de menores por deudas familiares, hacía caso omiso de sus quejas y denuncias. Su voz firme comenzó a ser escuchada más allá de las fronteras de su país y eso generó malestar entre los tratantes que se beneficiaban del trabajo infantil.

“Tengo que sentarme en la misma posición durante muchas horas. No me permiten moverme durante mis doce horas de trabajo diario. No nos conceden días libres. Incluso los niños enfermos no pueden descansar, cuelgan a algunos de mis pequeños compañeros cabeza abajo hasta que enferman mucho más. Nos pegan latigazos en la espalda o en la cabeza cuando dormimos o trabajamos más lento, o nos dejan sin comer. Si intentamos escapar, nos amenazan con echarnos aceite hirviendo. Tenemos tanto miedo, que no nos atrevemos a ayudarnos los unos a los otros.”

Para 1993, Iqbal ya era indiscutido símbolo de la oposición al trabajo esclavo, especialmente el desarrollado por adolescentes y niños trabajadores de los telares de Pakistán. En ese mismo año, la cadena de televisión sueca hizo un documental (Kaleen) que tuvo al joven líder como protagonista. Una vez más, realizó denuncias detalladas de las inhumanas condiciones a la que eran sometidos los niños trabajadores y cerró con una de las frases por las que luego sería recordado: “Ahora no tengo miedo, es mi patrón quien me teme”. Al mismo tiempo que esas imágenes comenzaron a recorrer el mundo, la OIT iniciaba su primera campaña contra la explotación infantil. Meses después fue invitado a Suiza, Suecia y a los Estados Unidos, desde donde se afianzaba en su lucha en contra de los telares que empleaban a menores y sus objetivos comenzaban a tomar luz: logró hacer un boicot internacional al negocio de los telares, que logró que se cerraran varias fábricas en su tierra y que muchos otros niños fueran liberado.

El 16 de abril de 1995, a sus 12 años, Iqbal Masih, había participado de la ceremonia del domingo de Pascua porque por propia elección quiso ser católico en tierra musulmana. Mientras pedaleaba de regreso a su aldea, unos disparos mortales lo derribaron de su bicicleta. 

¡¡SER NIÑO, ES UN DERECHO!!